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Cuando Los Héroes Caen: Wonder Woman

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El asedio a lexcorp

Nightwing y Robin llevaban semanas en una misión suicida. Batman, convertido en la enloquecida Harley Quinn por la toxina de LexCorp y el Joker, habían convertido Gotham en un carnaval de crimen y locura. Mientras Red Hood cargaba con el manto del murciélago y contenía la ciudad como podía, Dick Grayson y Damian Wayne rastreaban el origen de la toxina del Joker hasta LexCorp, era imaginable, puesto que lo mismo le pasó a Superman y él era el responsable. Sabían que infiltrarse solos era imposible, las industrias de lexcorp eran gigantes y muy bien resguardadas, no podían armar un grupo de asedio tan grande o levantaría demasiadas sospechas, con 3 personas sería más que suficiente para infiltrarse y buscar una cura. Necesitaban a alguien con poder divino y experiencia avanzada en combate. Para su fortuna había una heroína que cumplía perfectamente con esa descripción, es así como contactaron a Diana Prince.

Wonder Woman aceptó de inmediato. No solo por Bruce. En el fondo, ardía por rescatar a Clark, quien llevaba meses desaparecido tras su propia caída. Juntos diseñaron un plan impecable: infiltración nocturna, sigilo absoluto, sin alarmas. Diana, sin embargo, no podía ignorar la sensación de peligro que le recorría la espalda. Su instinto de amazona le gritaba que era una trampa. Aun así, no había tiempo para dudas. Al anochecer, los tres héroes se pusieron en marcha.

La infiltración no fue para nada fácil. Tuvieron que neutralizar tres patrullas élite, desactivar sistemas de seguridad de nivel kryptoniano y sortear campos de fuerza. Robin resultó herido en el hombro y Nightwing tuvo que usar sus bastones electrificados para abrirse paso. Diana rompió tres puertas reforzadas con sus propias manos. Pero llegaron. Demasiado lejos para retroceder.

Entraron en los aposentos privados de Lex Luthor y allí, bajo luces rojas y rodeado de lujo obsceno, estaba él. Superman —el símbolo de esperanza de la Tierra— reducido a una figura rota. Arrodillado sobre una cama enorme, vestido solo con lencería que apenas cubría su cuerpo femenino, gemía sin control mientras se tocaba. Sus ojos, antes llenos de justicia, ahora solo reflejaban placer vacío. Diana sintió náuseas, luego se acercó con el lazo listo y la voz temblando de rabia contenida.

—Clark… Clark, soy yo. Diana. Mírame. Lucha.

Pero la mujer solo arqueó la espalda y soltó un gemido más fuerte, ajena a todo. Nightwing apretó los dientes, reposo su mano en el hombro de Diana esperando mostrar consuelo “Diana… ya no queda nada de él” dijo. Aquellas palabras no se equivocaban y eso solo hacia mas difícil para Diana ver a su antiguo amigo en ese estado.

Demian y Dick se lanzaron a la terminal de Luthor y hackearon el sistema, revisando en los expedientes e investigaciones del equipo de luthor notaron algo que los dejó perplejos. Lo que descubrieron fue peor de lo que imaginaban: no era solo un gas ni kriptonita. Era una maldición, un hechizo de Circe amplificado por tecnología de LexCorp. Una magia diseñada específicamente para corromper la fisiología divina de los héroes más poderosos, para los héroes como Superman esto resultaba fatal y sumamente efectivo. Sin embargo, para otros héroes más comunes como Batman el efecto podría ser reversible.

No tuvieron tiempo de copiar los datos. Las puertas se sellaron con un estruendo y las luces se volvieron cegadoras. Lex Luthor y Circe aparecieron en el centro de la sala, flanqueados por un campo de fuerza impenetrable.

—Bienvenidos —dijo Lex con una sonrisa fría—. Sabía que vendrían por su querido Superman, o al menos lo que queda de él. Lo que no esperaba era que la mismísima Wonder Woman se dignara a entrar en mi casa.

Circe por su parte, rió con esa voz seductora y venenosa.

—Diana de Temiscira… la gran defensora del poder femenino. Qué deliciosa ironía que seas tú quien caiga hoy.

Los tres héroes atacaron al unísono. Diana lanzó su lazo con toda su fuerza divina. Nightwing y Robin se movieron como uno solo, coordinados por años de entrenamiento. Fue una pelea brutal. Por un momento, pareció que podrían ganar. Diana logró romper el campo de fuerza. Robin hirió a Lex en el brazo. Nightwing casi alcanzó a Circe.

Pero la hechicera había preparado todo.

Activó el artefacto de LexCorp: un amplificador que multiplicaba su magia por cien. Una explosión de luz violeta, más poderosa que cualquier cosa que hubieran enfrentado, los envolvió. El poder fue abrumador. Diana sintió cómo su propia esencia amazónica —el regalo de los dioses— era atacada directamente. Gritó de dolor mientras su cuerpo se retorcía. Nightwing y Robin cayeron de rodillas, luchando contra la magia que invadía sus mentes.

Cuando Diana abrió los ojos, todo había cambiado.

Ya no era la amazona invencible. Medía casi dos metros, con un cuerpo masculino, ancho y musculoso. Sus pechos habían desaparecido. Sus brazos eran gruesos y venosos. Entre sus piernas colgaba una verga pesada y gruesa. La armadura de Wonder Woman yacía destrozada en el suelo y la esperanza de poder ganar se redujo a cero.

Circe había sido muy específica en su maldición, y Lex la había perfeccionado con tecnología:

—Tu fuerza divina ha sido arrancada —explicó Circe con placer—. Ya no eres amazona. Tu ADN ha sido reescrito como el de un simple mortal humano, al menos tienes un poco mas de encanto en esa forma. Sin la bendición de los dioses. Sin poder. Solo carne y sangre… y un cuerpo hecho para arrastrarse, no para proteger.

Diana rugió de furia. Se abalanzó contra Lex con todo lo que le quedaba: pura rabia y entrenamiento. Logró conectar dos golpes que lo hicieron retroceder. Pero sin su fuerza amazónica, Lex —mejorado con su propio suero— la noqueó con un contraataque brutal. Nightwing y Robin, aún conscientes pero debilitados por la magia, intentaron intervenir. Sin embargo, no llegaron lejos, la segunda oleada de Circe los dejó inconscientes.

[Horas despues]

Cuando Diana despertó, estaba en una habitación lujosa y aislada. Su nuevo cuerpo enviaba señales que su mente rechazaba con asco: calor, pulsos, impulsos primitivos. Se miró al espejo y sintió profunda vergüenza. Repitiendo se a si misma en sus pensamientos: «Esto no soy yo. Soy Diana de Temiscira. Soy Wonder Woman. No voy a dejar que esta… cosa me controle.»

Intentó meditar, respirar, usar las técnicas amazónicas de control mental. Pero cada vez que bajaba la vista, su verga respondía. Cada flexión de sus nuevos músculos enviaba una oleada de sensación de poder traicionero.

La puerta se abrió y a través de ella entró una mujer de cuerpo curvilíneo, vestida solo con lencería negra. Su rostro estaba sonrojado, sus movimientos forzados y sensuales, su rostro aunque muy hermoso también le resultaba familiar y cuando ella se acercó exhibiendo movimientos sensuales pudo hablarle.

—Diana… —dijo con voz temblorosa, luchando contra cada palabra—. Soy yo, Dick. Circe me hizo esto… me obliga a moverme así, a… a desear esto. Pero aún estoy aquí. Tenemos que resistir. Tenemos que salir.

Diana sintió una erección inmediata y dolorosa. Su cuerpo reaccionaba contra su voluntad. El olor de Nightwing, la forma en que sus pechos se movían, sus caderas… todo era una tortura, no estaba acostrumbrada a sus impulsos masculinos, no tenia el control total de sus acciones y siendo consiente del peligro que esto suponia trato de alertar a Nightwing.

—No… —gruñó Diana, retrocediendo hasta chocar contra la pared—. Dick, aléjate. No me obligues a… No soy esto. No soy un hombre. No soy… un animal.

Nightwing también luchaba. Sus ojos mostraban terror y vergüenza, pero su cuerpo se acercaba contra su voluntad. Empezó a contonearse, a rozarse, a gemir suavemente. Cada movimiento era una batalla interna.

—Diana… por favor… lucha contra ello… —suplicó, con lágrimas en los ojos.

Pero la maldición de Circe era cruelmente diseñada: no solo cambiaba el cuerpo, sino que amplificaba los impulsos masculinos hasta hacerlos casi irresistibles, especialmente para alguien que nunca había experimentado hormonas de ese nivel. Era una humillación calculada al más mínimo detalle.

Diana resistió casi diez minutos, luchó, se clavó las uñas en las palmas, repitió sus votos amazónicos e intentó atarse con lo que quedaba de su lazo, pero esto fue inutil. Al final, el cuerpo traicionó a la mente. Con un gruñido que era mitad furia y mitad deseo, agarró a Nightwing, lo arrojó sobre la cama y lo folló con fuerza salvaje. Cada embestida era un acto de rabia contra sí misma. Cada gemido de Nightwing —que también luchaba pero no podía contenerse— alimentaba más su vergüenza… y su placer.

Horas pasaron. Horas de sexo brutal, sudor y conflicto. Diana cambiaba de posición como si estuviera castigando al universo, usando el cuerpo de Nightwing como válvula de escape a su propia humillación. Nightwing gemía, lloraba y suplicaba al mismo tiempo, dividido entre su mente de héroe y el cuerpo que lo traicionaba.

Circe y Lex observaban todo a través de las cámaras.

—Ahora —susurró Circe—. Están en el punto más vulnerable.

Lanzó la tercera y última oleada de magia: un hechizo de corrupción mental dirigido específicamente a sus identidades.

Wonder Woman, la defensora del poder femenino, sintió cómo su orgullo amazónico se retorcía. La maldición no la borró de golpe: la corrompió. Ahora veía su nuevo cuerpo como un “regalo” de superioridad. Creía que su fuerza mortal era prueba de que los hombres estaban hechos para dominar. Que las mujeres existían para servir. Era la humillación perfecta: convertir a la mayor defensora de las mujeres en el macho machista que siempre había combatido.

Nightwing, por su parte, fue hundido en la sumisión total. Su mente de líder táctico se quebró bajo el peso del placer y la magia. Ahora solo existía para complacer.

Damian, sin embargo, resultó ser el más resistente de los tres. Mientras Diana y Nightwing eran corrompidos en la misma habitación, Lex y Circe lo mantuvieron encerrado en una sala de contención aparte, aislado y vigilado. Durante días enteros lo sometieron a un régimen brutal de torturas psicológicas y adiestramiento intensivo: proyecciones holográficas constantes de su propia humillación, voces que repetían una y otra vez que ya no era Robin, que solo era una doncella obediente, sesiones de hipnosis mágica combinadas con drogas que debilitaban su voluntad. Su mente —forjada en el entrenamiento letal de la League of Assassins— resistió más de lo esperado. Cedió poco a poco, luchando con cada fibra de su ser, negándose a romperse del todo.

Pero su cuerpo, completamente retocado por la magia de Circe, no pudo resistir. Lo transformaron en una joven mujer de belleza delicada y frágil, con curvas suaves y una figura que invitaba a la sumisión. La maldición separó por completo su mente de su cuerpo: en el fondo, Damian seguía siendo el mismo asesino orgulloso y furioso, deseando con todas sus fuerzas matar a Lex, a Circe y a la bestia en la que se había convertido Diana. Quería gritar insultos, desenvainar sus katanas y destrozar todo.

Sin embargo, lo único que salía de su boca eran palabras dulces y serviciales de una mucama bien educada: “Sí, señor”, “¿Desea que limpie eso, amo?”, “Estoy aquí para servirle”. Sus acciones, por más que su mente las rechazara, eran completamente acordes a ese rol: caminar con pasos cortos y delicados, hacer reverencias, limpiar con diligencia y abrirse de piernas sin protestar cuando se lo ordenaban. Su mente y su cuerpo estaban aislados para siempre. Una prisión perfecta.

Ahora, meses después, Diana vive en una enorme mansión vigilada por LexCorp. Camina desnudo todo el día, exhibiendo su cuerpo masculino y su gruesa verga sin pudor. Levanta pesas en el gimnasio privado, admirándose en los espejos, gruñendo de satisfacción cada vez que sus músculos se marcan.

Ya no hay conflicto. La maldición completó su trabajo.

Tiene a dos mujeres a su disposición:

La ex-Nightwing, siempre con lencería provocativa, arrodillada y rogando que la use.

Y la ex-Robin —Damian—, vestida con un uniforme de mucama corto y ajustado, sonrojada y con la mirada baja. Por dentro arde de odio y rabia, pero su boca solo puede decir “Como ordene, amo” mientras limpia, sirve y se deja usar sin poder oponer resistencia.

Diana ya no piensa en la Liga de la Justicia, solo piensa en dominar, en follar, en ser el macho que ahora cree merecer ser.

[Prologo]

En su torre, Lex Luthor observa las cámaras con una copa de vino y sonríe. Los héroes más grandes de la Tierra no cayeron por debilidad, cayeron porque él y Circe planearon cada detalle para que así fuera, pero su júbilo no duraría tanto como creyeron.

Una noticia inesperada interrumpió la satisfacción de Luthor. Las pantallas principales de su torre se encendieron de golpe, mostrando una transmisión en vivo desde Ciudad Gótica. Pensó que sería el Joker, pero quien apareció en la pantalla fue Harley Quinn, con una sonrisa maníaca y una corona improvisada hecha de joyas robadas.

La antigua Batman, ahora convertida en la bufona del crimen, se había proclamado Reina Absoluta de Gotham. A su lado, de rodillas y vestidos como dos sexys mimos de grandes pechos y maquillaje exagerado, estaban el Joker y Red Hood, completamente quebrados y obedientes, haciendo todo lo que ella ordenaba con sonrisas vacías.

Harley miró directamente a la cámara y habló con voz juguetona pero letal:

—Oye, Lexy~ Pensaste que podías jugar con mis juguetes y quedarte con el mundo, ¿verdad? Error. Gotham es mía. Y muy pronto… el mundo también será mío. Así que he decidido que te convertiré en mi nuevo payaso personal.

La transmisión se cortó.

Lex se quedó mirando la pantalla en silencio durante unos segundos… y luego soltó una carcajada profunda.

—Interesante… —murmuró, girando su copa de vino—. Parece que la reina bufona quiere jugar en las grandes ligas.

Pero su risa se congeló de repente.

Un sonido húmedo y horrible resonó en la sala. Lex giró la cabeza justo a tiempo para ver cómo el corazón de Circe era arrancado violentamente de su pecho. La hechicera cayó al suelo sin vida, con los ojos muy abiertos por la sorpresa.

Frente a él, sosteniendo el corazón aún latiendo de Circe, apareció una figura envuelta en un traje amarillo y rojo distorsionado, con una sonrisa torcida y ojos llenos de odio puro.

El Flash Reverso había llegado.

Y parecía que los planes de Lex Luthor acababan de complicarse mucho más de lo esperado.

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