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El precio de mis acciones

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Oscar sol铆a ser el CEO de una empresa importante. No solo era bastante inteligente, sino que tambi茅n era un genio de los negocios. Se dec铆a que era casi tan brillante como 茅l mismo cre铆a ser. Todos en la empresa lo miraban con una mezcla de respeto y miedo, y esa sensaci贸n de poder lo llenaba hasta el punto de la arrogancia. Todos los d铆as sin falta, les hac铆a la vida imposible a sus empleados, oblig谩ndolos a trabajar horas extras, asign谩ndoles m谩s trabajo y sin darles bonos o algun tipo de motivaci贸n. Adem谩s, era infiel. Ten铆a esposa e hijos, pero no ten铆a problema en ordenarle a su secretaria que tuviera sexo con 茅l si quer铆a conservar su trabajo. Se sent铆a intocable y capaz de hacer lo que quisiera. Estaba en un estado que la mayor铆a de las personas conscientes describir铆an como “enfermo de poder”.

Un d铆a, las cosas cambiaron de una forma que ni 茅l ni nadie m谩s podr铆a haber esperado. Su secretaria apareci贸 como de costumbre, pero con una actitud mucho m谩s amenazante. Sinti茅ndose seguro en el poder que le daba su posici贸n, le orden贸 que le diera su placer diario, pero ella se neg贸. Molesto, la amenaz贸 con despedirla, pero ella se acerc贸 y le dijo la verdad a la cara, reproch谩ndole todos esos a帽os de abusos y amenazas. Decidida a darle su merecido, dijo, “Ahora vas a aprender por las malas lo que este cuerpo ha tenido que soportar todos estos a帽os.”

Un destello de luz apareci贸 y ahora las cosas hab铆an cambiado. Ella ya no estaba en su oficina, sino en la de otra persona. Sin embargo, ese no ser铆a el 煤nico cambio. Not贸 que su cuerpo era diferente. Ya no llevaba su costoso traje de negocios, sino una camisa, medias y una falda ajustada. Su figura antes robusta ahora era delicada y suave, sin la fuerza para defenderse. Ahora ten铆a una voz suave y cabello largo. “Algo est谩 definitivamente mal”, pens贸, d谩ndose cuenta de que se hab铆a convertido en una mujer.

“¿Qu茅 me has hecho, maldita perra?”

“He decidido darte una lecci贸n que no olvidar谩s. A partir de ahora, tendr谩s que comportarte, actuar para los dem谩s y dejar de ser t煤 mismo. Tu nuevo jefe llegar谩 pronto. Intenta impresionarlo.”

“¿De qu茅 est谩s hablando? ¿Qu茅 nuevo jefe?”

El due帽o de la oficina, que no era otro que Randy, el CEO de la empresa rival, entr贸 en la habitaci贸n y se present贸 ante ellos. La exsecretaria de Oscar tom贸 la palabra.

“Esta es la persona de la que te habl茅. Estoy segura de que quedar谩s muy satisfecho. Tengo cosas que hacer ahora, as铆 que debo irme, pero los dejo solos para que puedan tener su entrevista.”

Oscar observa c贸mo su secretaria se marcha, dej谩ndolos a solas. Randy toma el control de la habitaci贸n y comienza a hablarle sobre el puesto de secretaria. Quer铆a decirle que no estaba interesado e incluso quer铆a contarle la verdad, pero su boca solo emit铆a frases ajenas a sus pensamientos, como si estuviera en piloto autom谩tico. Oscar estaba condenado a ver y sentir un cuerpo que se mov铆a por s铆 solo. Al final, las palabras que dijo captaron el inter茅s de Randy. Randy se baj贸 los pantalones y dijo, “Este puesto es exigente. Entre tus deberes est谩 complacerme. Ahora mu茅strame lo que puedes hacer.” Vio su pene y quiso salir corriendo. Era m谩s grande que el suyo cuando era hombre, pero su cuerpo traicion贸 su mente. Se arrodill贸 y comenz贸 a chup谩rsela como una profesional.

La sensaci贸n era desagradable y la humillaci贸n era palpable, pero aunque odiaba sus acciones, no pod铆a parar. Su cuerpo no respond铆a a 茅l. Sintiendo un movimiento irregular, Randy us贸 sus manos para empujar su pene profundamente en su garganta y se corri贸. Abrumado por la pesada carga, apenas pod铆a respirar, pero no tendr铆a tiempo de recuperarse cuando, con un movimiento sutil, la tom贸 y la dio vuelta para follarla sobre el escritorio.

Esa tarde probaron muchas posiciones y se corrieron varias veces. Cuando terminaron, estaba irreconocible, tirado en el suelo con una mirada de placer en el rostro, apenas capaz de ponerse de rodillas. “Mira la hora, es momento de irse a casa. Me gust贸 nuestra entrevista. Limpia todo y cierra con llave. Te ver茅 ma帽ana a primera hora.”

Su exsecretaria reaparece en la habitaci贸n, burl谩ndose del hombre al que alguna vez temi贸. Decidi贸 que ella tomar铆a el control de la empresa mientras 茅l tendr铆a que pasar el resto de sus a帽os como una perra sumisa que hace todo lo que su jefe le pide sin protestar. Antes de irse, mirando el deplorable estado de su antiguo jefe, le da una orden clara, “D茅jame ver c贸mo est谩 ese bonito co帽ito.” Su cuerpo se mueve y se apoya en una de las sillas de la oficina, mostr谩ndole el culo en pompa con semen todav铆a saliendo de 茅l. Ella le toma una foto para preservar su humillaci贸n para la posteridad.

Los d铆as siguientes fueron la misma rutina de abuso y sumisi贸n, condenado a ver c贸mo el mundo avanzaba mientras 茅l segu铆a follando con su jefe en la oficina todos los d铆as. Su antigua empresa prosper贸 r谩pidamente sin 茅l al mando. Se enter贸 de que hab铆a sido declarado desaparecido y luego muerto. Con el tiempo, tambi茅n supo que su esposa se hab铆a vuelto a casar, lo hab铆a perdido todo. Mientras tanto, resignado a su nueva vida, form贸 una relaci贸n con su jefe, asumiendo el rol de secretaria y m谩s tarde de esposa sumisa. Este fue su castigo, porque en el fondo, su yo impotente solo pod铆a observar c贸mo le quitaban todo y se convert铆a en lo opuesto a lo que sol铆a ser. Esperemos que su percepci贸n cambie cuando nazca su hijo, pero hasta entonces, ella continuar谩 en su rol de esposa y visitar谩 la oficina de su marido todos los d铆as para darle la atenci贸n que necesita.

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