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Corto: El Cuerpo de mi Hija - Nuevos Comienzos

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Todo ha terminado.

Despu茅s de que mi hija nos descubri贸 a Tom y a m铆 en la sala, todo cambi贸 para siempre. No grit贸, no insult贸, no tir贸 cosas. Solo se qued贸 paralizada unos segundos, con la cara p谩lida y los ojos llenos de horror. Luego dio media vuelta, subi贸 a su habitaci贸n, agarr贸 una mochila y se fue sin decir una sola palabra.

Han pasado tres d铆as y todav铆a no sabemos nada de ella.

No contesta llamadas, no responde mensajes, y su tel茅fono aparece apagado. Es como si se hubiera esfumado. No la culpo. Ver a su propio padre, dentro de su cuerpo, teniendo sexo con un hombre… debe haber sido demasiado para ella. Demasiado r谩pido, demasiado cruel.

Tom ha estado conmigo todo este tiempo. No es que me alegre de que mi hija se haya ido, pero su ausencia ha creado un silencio extra帽o en la casa. Un silencio que nos ha permitido a Tom y a m铆 estar m谩s juntos, como una pareja de verdad. Ya no tenemos que escondernos ni bajar la voz. Por las ma帽anas le preparo el desayuno antes de que se vaya al trabajo. Cosas simples que me hacen sentir 煤til y femenina.

Durante el d铆a me dedico a buscarla. Llam贸 a conocidos haci茅ndome pasar por ella, hablo con la polic铆a diciendo que mi “padre” no aparece, reviso redes sociales y hasta publiqu茅 un mensaje discreto en grupos locales. Nada. Es como si el Gran Cambio tambi茅n se hubiera llevado a mi hija. Anoche, mientras est谩bamos acostados, Tom me abraz贸 fuerte y me dijo al o铆do:

—Sea lo que sea que pase, yo estoy aqu铆. No tienes que cargar con esto sola.

Sus palabras me tranquilizaron. No es solo el sexo lo que me une a 茅l. Es la forma en que me cuida, c贸mo me hace sentir segura en este cuerpo que a煤n estoy aprendiendo a habitar.

A la ma帽ana siguiente Tom no tuvo que ir a trabajar, as铆 que decid铆 darle una sorpresa. Pasamos todo el d铆a juntos. Quise hacer algo especial, ya que mi hija no estaba en casa. Saqu茅 del armario el uniforme de animadora que ella usaba en la preparatoria. Me sorprendi贸 que me quedara tan bien. Cuando Tom me vio bajar las escaleras con 茅l puesto, se qued贸 sin palabras. Sus ojos se iluminaron y una sonrisa mezcla de sorpresa y deseo apareci贸 en su rostro.

No hab铆amos podido estar juntos desde aquella noche en la sala, as铆 que la euforia contenida nos hizo comportarnos con m谩s pasi贸n de la habitual.

Fue, sin duda, el mejor sexo que he tenido en toda mi vida. Me encanta cuando Tom es gentil y cari帽oso, pero esta vez se comport贸 como una bestia salvaje, y eso me prendi贸 de una forma que no esperaba. Despu茅s de liberarnos por completo, me qued茅 un rato en sus brazos, todav铆a temblando.

Aunque sigo muy preocupada por mi hija —el no saber nada de ella me angustia—, gracias a Tom, aunque sea solo por un momento, puedo olvidarme de todo y sentirme querida y segura.

El resto de la tarde lo pasamos disfrutando como una pareja normal: jugamos, vimos pel铆culas, charlamos de cosas triviales y nos re铆mos juntos. Por la noche, mientras cen谩bamos fuera en un peque帽o restaurante, mi tel茅fono son贸. Como no hab铆a nadie en casa, el contestador autom谩tico grab贸 el mensaje.

“Hola pap谩… siento mucho haberme ido as铆. ¿Podemos quedar ma帽ana para hablar?”

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