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—No ponga esa cara, capitán. Ese atuendo le queda muy bien. Pensar que el orgulloso capitán del equipo de fútbol se convertiría en la mascota del equipo rival es simplemente hilarante.
Luck todavía no podía creer lo que estaba pasando.
Hace apenas unas horas era el capitán del equipo más temido del campeonato nacional. Estaba tan seguro de la victoria que aceptó la apuesta más estúpida de su vida: el capitán del equipo perdedor se convertiría en la mascota del ganador durante un mes entero.
El resultado fue una humillación total. 5 a 0. Su equipo ni siquiera pudo tocar el balón con dignidad.
Cuando entró a los vestidores del equipo rival para “cumplir” con la apuesta, lo estaban esperando. Antes de que pudiera protestar, le sujetaron los brazos y le obligaron a tragar una pastilla rosa brillante. El sabor fue dulce y químico.
En cuestión de minutos su cuerpo traicionó todo lo que había sido.
Primero sintió cómo se encogía. Después el pecho se le llenó de un peso suave y pesado. Sus hombros se estrecharon, su cintura desapareció y sus caderas se ensancharon de forma obscena. Entre las piernas ya no había nada. Solo un calor extraño y sensible. El cabello le creció hasta los hombros en mechones rubios y brillantes. Cuando intentó hablar, su voz salió aguda, dulce y completamente femenina.
—¿Qué… qué carajos me hicieron? —preguntó, y el sonido de su propia voz lo hizo estremecerse de vergüenza.
Todo el vestidor estalló en carcajadas.
—Hasta la voz le salió de putita —se burló uno de ellos.
Luck quiso irse. Dio un paso y se tropezó. Su antigua ropa de capitán le quedaba demasiado grande grande: la camiseta le llegaba a media muslo y los pantalones se le caían. Antes de que pudiera reaccionar, el equipo entero se le echó encima.
Le arrancaron la ropa a la fuerza. Alguien le lanzó un conjunto de animadora del equipo rival: una falda plisada ridículamente corta, un top ajustado que apenas cubria sus nuevos pechos enormes y unas bragas blancas que se mostraban por lo corto de la falda. Para terminar, le colocaron un 2 pompones en sus manos.
Cuando lo soltaron, Luck —ahora Lucía, como la llamaban ahora— estaba temblando en medio del vestidor, completamente transformada en una animadora pequeña, curvilínea y ridículamente sexy.
El capitán rival, un tipo alto y confiado llamado Marco, se acercó y le levantó la barbilla con dos dedos.
—A partir de ahora eres nuestra mascota oficial. Durante un mes entero vas a animar todos nuestros entrenamientos, todos nuestros partidos… y todo lo que se nos ocurra en los vestidores.
Lucía intentó apartar la cara.
—Esto no era parte de la apuesta, cabrones…
—La apuesta era que te conviertas en nuestra mascota —respondió Marco con una sonrisa cruel—. Nadie especificó que seguirías siendo hombre.
Esa misma tarde la obligaron a salir al campo todavía con el uniforme de animadora. Tuvo que saltar, gritar las porras del equipo rival y mover los pompones mientras sus excompañeros lo veían desde la otra tribuna. Cada vez que saltaba, la falda se le levantaba y dejaba ver las bragas blancas. Cada vez que gritaba, su voz aguda provocaba más risas.
Por la noche, en los vestidores, la humillación fue peor.
Marco la sentó sobre una de las bancas y le abrió las piernas.
—Primera regla de la mascota: siempre tiene que estar disponible para el equipo.
Lucía quiso resistirse, pero su nuevo cuerpo era débil y demasiado sensible. Cuando Marco le bajó las bragas y le metió su verga, soltó un gemido agudo que la llenó de vergüenza.
—Mírate… el gran y arrogante luck ahora esla putita del equipo rival.
Esa noche la usaron entre varios. La pusieron de rodillas, de cuatro, cabalgando. Le hicieron gritar el nombre del equipo rival cada vez que se corría. Le llenaron la boca, el coño y el culo. Cuando terminaron, Lucía estaba tirada en el suelo del vestidor, el maquillaje corrido, el pelo rubio revuelto y el semen escurriéndole por los muslos.
Marco se agachó junto a ella y le acarició la mejilla con falsa ternura.
—Bienvenida al equipo, mascota. Todavía te quedan veintinueve días.
Lucía cerró los ojos, sintiendo cómo su nuevo cuerpo todavía temblaba de placer residual.
El orgulloso capitán había desaparecido.
Solo quedaba la mascota del equipo rival… y el mes apenas comenzaba.
Para la mañana siguiente Luck se presentó ante el equipo y con un sentimiento de molestia y desagrado entró a los vestidores donde su uniforme de animadora le estaba esperando. Sin más remedio tomó aire y suspirando acepto que este sería su destino por el siguiente mes, ahora atrapado como la putita del equipo rival lo unico que podia hacer es intentar resistir lo mas que pudiese, y colocandose el uniforme de animadora que fijaba su condición de mascota miro su trasero y se preguntaba si al final del mes iba o no a querer recuperar su cuerpo.


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