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—Mira nada más lo que tenemos aquí… —dijo Draven con una sonrisa cruel, deteniéndose frente a la mujer enfrente de él mientras sostenía en sus manos una vieja revista—. ¿No te trae recuerdos? Es increíble lo que la ciencia moderna puede hacer. La verdad es que nadie creería que usted es aquel hombre varonil de la foto… aquel con músculos que parecían de acero y una expresión que helaba la sangre de quienes tenían la desdicha de cruzar miradas.
Se agachó, agarró el cabello de la mujer y le dio la vuelta para que mirara su propio reflejo en el espejo.
—Aquel hombre del que le hablo está muerto. Yo lo maté. Y en su lugar traje a la vida a la perra en celo que está frente a mí. Aquella con brazos delgados y débiles… y una carita que ahora hace hervir la sangre, pero del más grande deseo sexual.
Draven deslizó dos dedos gruesos por el rostro de la mujer, el tacto era tan gentil y delicado, que el roce entre la yema de sus dedos alteraba el libido de ellá para acto seguido liberar un gemido largo y vergonzoso, sacando la lengua instintivamente.
—A decir verdad… yo le tenía miedo a usted, campeón. Siempre me decían: “ten cuidado con Kane, es invencible”. Parece que los débiles te sobrevaloraban… jajajaja. Nah, a decir verdad sí fuiste un rival muy fuerte. Tus habilidades son innegables. Pero lo más increíble de todo es tu perfecta genética. Naciste con un cuerpo bendecido para ser el más fuerte, he alterado tu cuerpo pero tus genes no mienten, tienes un poder increíble.
Retiró sus dedos lentamente y aquella mujer siguiéndolo con la mirada se empezó a excitar.
—Y ahora esa genética va a servir para algo mucho mejor. Sientete honrada de ser parte de la nueva era.
[un año antes]
Todo había empezado, la noche de la final del Campeonato Mundial de MMA.
Kane “The Beast” Harlan era el rey indiscutible. Invicto, brutal, temido. Draven Voss era el retador que pocos se tomaban en serio. Kane se mantuvo dominante durante cuatro rounds, pero en el quinto, Draven encontró una abertura y lo sometió. Kane perdió por primera vez en su vida.
Esa derrota le dolió en el alma… pero lo que vino después fue mucho peor.
Tras la pelea Draven tomó una muestra de su sangre de su rival quien había demostrado una fuerza asombrosa con el fin de determinar su calidad genética. Los análisis confirmaron lo que sospechaba: genes excepcionales, casi tanto como los suyos. La combinación perfecta para que el cruze resultara estable.
Draven no quería solo venganza. Quería crear una nueva generación superior de campeones genéticamente bendecidos. Secuestró a Kane esa misma noche, dejando un mensaje falso para la prensa avisando de su retiro. Durante semanas lo mantuvo en un laboratorio clandestino suministrando químicos y monitoreando su rendimiento. Hormonas, reescritura genética, terapia neuronal y condicionamiento constante. Kane luchó como el animal que era. Gritó, amenazó, intentó romper todo. Pero su cuerpo cambió día tras día: los músculos se suavizaron, le crecieron senos pesados, su voz se volvió femenina, y entre sus piernas apareció un coño sensible y siempre húmedo.
Pese los cambios en su cuerpo que llegaron al punto de no poder resistirse más, el siguiente paso era la mente.
Draven lo quebró poco a poco. Drogas que aumentaban el deseo sexual hasta niveles insoportables. Videos e hipnosis, corrientes eléctricas que premiaban la sumisión y frases que lo obligaban a repetir hasta que se le grabaron en el cerebro.
—“Soy Kara. Soy una perra. Mi propósito es servir y parir.”
Para completar, estímulos constantes desde afrodisiacos hasta consoladores que irrumpieron en sus zonas erógenas. La ruptura fue total la noche en que Kane, convertido ya en Kara, se arrodilló voluntariamente y rogó que lo follaran.
Ahora, un año después, ya no quedaba nada del campeón, solo de la nueva puta que daria la descendencia de Draven.
Kara respiraba agitada, con el coño chorreando sobre los dedos de Draven. Sus grandes tetas colgaban pesadas y sus pezones estaban duros como piedras. Ya no había rabia en sus ojos. Solo necesidad animal.
Con voz suave, quebrada y cargada de deseo, la que antes fue Kane “The Beast” Harlan susurró:
—Por favor, amo… ya no aguanto más el calor…
Fóllame fuerte…
Úsame como la perra que soy…
Lléname y déjame parir a tus hijos…
Draven soltó una carcajada satisfecha y la penetró de un solo golpe brutal. Kara gritó de placer, empujando hacia atrás con desesperación, completamente rota y feliz en su nueva vida.
El campeón había muerto.
Solo quedaba su perra obediente.
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