Latest Post / Última publicación
- Get link
- X
- Other Apps
Esto es tan humillante. Sabía que era una trampa… y aun así vine solo.
Me llamo Mike. Antes era el tipo más rudo de mi pandilla. Con mi fuerza y habilidad, conquistamos territorio rápido. Nunca me importaron las rivalidades entre líderes ni sus estúpidas guerras. Mi único interés siempre fue proteger a mi hermana y mantenerla alejada de este mundo.
El trato era simple: yo ayudaba a los líderes a expandir su control y, a cambio, ellos se aseguraban de que mi hermana pudiera vivir una vida normal, lejos de la violencia.
Pero todo lo bueno termina en algún momento.
Desde hacía varios meses sabía que mi hermana tenía novio. Se llamaba Kevin. No me parecía mal tipo; al contrario, era amable y respetuoso. No estaba metido en ninguna pandilla ni conflicto, así que le di mi aprobación cuando vi lo bien que trataba a mi hermana y lo felices que parecían juntos.
Una tarde, después de la patrulla diaria, recibí una llamada de Kevin. Al contestar, noté que su voz sonaba… diferente. El tono era el mismo, pero la forma de hablar había cambiado por completo. Empecé a sospechar. Me pidió que lo recogiera en un lugar fuera del territorio de la pandilla y, sobre todo, que fuera solo porque estaba con mi hermana.
Era demasiado obvio que se trataba de una trampa.
Aun así, no podía arriesgarme, sabía que mi hermana estaba ahí porque Kevin estaba ahí. Me acerqué con mucho cuidado, tomando una ruta alternativa. Me infiltré sin problemas, vestido de incógnito (Lo último que quería era llamar la atención).
Las indicaciones de Kevin me llevaron hasta un viejo taller mecánico abandonado, alejado de todo. Cuando confirmé que era el lugar correcto, agarré una llave inglesa como arma y me acerqué sigilosamente. Entonces lo vi.
Kevin estaba allí, completamente tranquilo, follándose por detrás a una chica asiática con la falda levantada.
—¿Qué mierda estás haciendo? —le reclamé—. ¿Me llamaste para que viera cómo le eres infiel a mi hermana?
Kevin giró la cabeza hacia mí, recién notando mi presencia. En lugar de asustarse, me saludó con total tranquilidad, como si nada.
—Bienvenido, Mike —dijo, sin dejar de mover las caderas.
La chica asiática apenas podía mantenerse en pie. Era claro que llevaban un buen rato así. Levanté la llave inglesa con intención de romperle el cráneo, pero justo en ese momento ella me miró y gritó mi nombre:
—¡Mike, rápido! ¡Tienes que escapar de aquí!
¿Cómo demonios sabía mi nombre? No alcancé a preguntarle. Apenas terminó de hablar, gritó de nuevo:
—¡Detrás de ti! ¡Cuidado!
Desperté un tiempo después con un dolor de cabeza terrible. Todo daba vueltas y mi cuerpo se sentía entumecido. Kevin se plantó frente a mí y empezó a hablar. Mi vista aún estaba borrosa, pero lo escuché claramente decir que yo había sido “un dolor en el culo” todo ese tiempo. Que por mi culpa la pandilla había perdido mucho territorio. Ahora que me tenía en sus manos, se aseguraría de que nunca más fuera un problema. Acto seguido ordenó que me quitaran las ataduras.
Cuando por fin recuperé la visión con claridad, vi a mi hermana frente a mí, o eso creía. Estaba allí, mirándome fijamente… pero algo no encajaba. Cuando intenté moverme, ella se movió exactamente igual. Era un espejo. La que se reflejaba era yo, me había despertado en el cuerpo de mi propia hermana.
El pánico me invadió. Esto no podía ser real. Ate los cables de mi mente lo más rápido que pude. Kevin nunca había hablado ni actuado de esa forma. La única explicación lógica era que él tampoco fuera el verdadero Kevin.
—¿Eres de la pandilla rival, verdad? —pregunté.
Él sonrió y asintió. Era una locura, pero si yo estaba en el cuerpo de mi hermana, todo era posible.
—¿Y la mujer asiática de antes? ¿Cómo sabía mi nombre?
Kevin soltó una risa baja.
—Tú también la conoces desde hace tiempo.
Entonces dio una orden y la puerta se abrió.
Entró la misma chica asiática… pero no caminando. Estaba a cuatro patas, arrastrándose, mientras un hombre medio desnudo la penetraba con cada paso que daba.
“Mike… lo siento”, dijo ella con voz entrecortada. “Parece que no pudiste escapar. Es mi culpa. Cuando tu hermana me pidió que viniera a estos lugares, nunca imaginé que terminaría así”.
Esa voz… esa forma de hablar.
Era Kevin. El verdadero Kevin estaba atrapado en el cuerpo de aquella asiática.
Miré al falso Kevin y le pregunté con rabia:
—¿Quién demonios eres tú?
—No importa quién soy —respondió con frialdad—. Lo único importante es que te saqué del juego.
—¿Y mi hermana? ¿Dónde está?
—No lo sé, ni me importa.
La rabia me cegó. Me levanté de golpe e intenté golpearlo.
Fue inútil.
Esquivó cada golpe con facilidad. Cuando por fin logré conectar uno, apenas lo moví unos centímetros, mientras mi puño (el puño de mi hermana) dolía horriblemente.
—Quédate claro —dijo con una sonrisa cruel—. Puede que tú fueras el rey de las peleas, fuerte e imbatible… pero tu hermana no lo es.
Tenía razón. Este cuerpo nunca había conectado un golpe en su vida. Sin esfuerzo alguno, me agarró ambos brazos, inmovilizándome por completo. Me levantó del suelo como si fuera una muñeca de trapo.
—Qué ligera… —murmuró, divertido.
De un solo movimiento me arrojó contra el suelo, demostrando quién tenía el control absoluto. Luego, sin decir una palabra más, destrozó mis bragas, dejando el coño de mi hermana completamente expuesto. Entendí perfectamente lo que venía. Le supliqué que se detuviera. Le prometí que nunca más me metería con ellos, que me iría para siempre. Pero no le importó. En cuestión de segundos, me penetró con su enorme verga.
Cada embestida era brutal. Un dolor intenso que nunca había sentido… pero también algo más. Algo que al principio no entendía. Mi coño empezó a humedecerse rápidamente, facilitando sus movimientos. Mi espalda se arqueó sola y de mi boca empezaron a salir gemidos eróticos, vergonzosamente fuertes, como sacados de una película porno.
Era horrible.
Estaban deshonrando el cuerpo de mi hermana y yo no podía hacer nada más que gemir como una puta. No tenía fuerza para resistirme. Solo sentía cómo sus embestidas se volvían más rápidas y profundas. El placer era intenso, con cada gemido me odiaba más a mí mismo, pero no podía parar.
Horas pasaron.
Me cambió de posición una y otra vez, cada una más humillante que la anterior. Cuando por fin pareció cansarse, soltó su última carga dentro de mi vientre. El esfuerzo fue tanto que casi me desmayo. Aun con la respiración agitada, intenté recomponerme. El falso Kevin pareció sorprendido de que todavía estuviera consciente.
—Enhorabuena —dijo con sarcasmo—. Has demostrado ser realmente fuerte. Ahora voy a disfrutar de ti hasta que llegue el jefe.
Por suerte, el jefe había llegado justo en ese momento. Me acomodé como pude, quería ver en primera fila quién era el hijo de puta detrás de todo esto. La sorpresa fue mayor cuando vi que la persona a la que todos llamaban “jefe”… tenía mi cara.
No dijo nada al principio. Solo se acercó, me acarició la cabeza con falsa ternura y observó mi nuevo cuerpo con detenimiento. Luego ordenó que despejaran el lugar. Lo miré fijamente, juntando las pocas fuerzas que me quedaban, y le pregunté:
—¿Dónde está mi hermana?
Él sonrió con burla.
—Ella está bien. Está en otro cuerpo… y bajo mi cuidado. Seguirá estando bien mientras tú te comportes.
Luego le dijo al falso Kevin que me mantuviera bajo su vigilancia. Este aceptó y, tomándome de la mano, me sacó de la habitación. Lo último que vi fue al verdadero Kevin, todavía en el cuerpo de la asiática, siendo levantado mientras seguían abusando de él sin piedad.
No sé exactamente qué está pasando ni cómo voy a arreglar esto. Pero no voy a dormir tranquilo mientras mi hermana siga en peligro. Resiste lo más que puedas, Kevin.Tampoco me olvidaré de ti.
Continuará…
Comments
Post a Comment