Latest Post / 脷ltima publicaci贸n
- Get link
- X
- Other Apps
Luc铆a y Mateo llevaban dos a帽os de una relaci贸n realmente hermosa. Se quer铆an con una ternura que muchos envidiaban. Mateo era de esos novios que parec铆an sacados de un libro: extremadamente detallista, atento y siempre pendiente de hacerla feliz. Cada mes le regalaba algo especial: un vestido que ella hab铆a visto en una tienda, unos pendientes que mencion贸 de pasada, perfumes caros, cenas rom谩nticas o escapadas de fin de semana. Luc铆a sol铆a decirle que no era necesario, que con su amor le bastaba, pero Mateo siempre respond铆a lo mismo con una sonrisa tierna:
—Quiero darte todo lo que te mereces, mi amor.
Mateo siempre hab铆a sido muy responsable con sus estudios. Aunque sus notas eran buenas, antes de cada final se pon铆a muy estricto y se iba unos d铆as a casa de sus dos mejores amigos para “concentrarse al 100%”.
—No quiero que me baje el promedio. Me voy unos d铆as a casa de los chicos para estudiar en serio, sin distracciones —dec铆a cada vez antes de desaparecer.
Luc铆a lo entend铆a y lo admiraba. Nunca sospech贸 la verdad.
Lo que Luc铆a no sab铆a era que Mateo no ten铆a dinero suficiente para mantener ese nivel de detalles. Estudiaba y trabajaba medio tiempo, pero para cumplir todos sus caprichos empez贸 a pedir pr茅stamos. Al principio eran cantidades peque帽as, pero poco a poco fueron creciendo. Para poder pagar esas deudas, Mateo hab铆a ca铆do en manos de una banda peligrosa de la zona: un grupo de tipos duros, altos y musculosos, que prestaban dinero con intereses abusivos y no aceptaban excusas.
Esta vez, Luc铆a quiso sorprenderlo. Llevaba d铆as plane谩ndolo. Pas贸 toda la tarde del viernes horneando sus galletas favoritas de chocolate con nueces, las decor贸 con cuidado y las meti贸 en una caja bonita con un lazo rojo. Se puso uno de sus vestidos favoritos, se maquill贸 ligeramente y sali贸 hacia la casa de los amigos de Mateo con el coraz贸n lleno de ilusi贸n.
Durante el camino no dejaba de imaginar su reacci贸n: c贸mo se le iluminar铆a la cara, c贸mo la abrazar铆a fuerte y le dar铆a uno de esos besos largos y c谩lidos que tanto le gustaban.
Cuando lleg贸 a la casa ya era casi de noche. Aparc贸 el coche en la calle y se acerc贸 caminando. Desde afuera se escuchaban gemidos fuertes e intensos, acompa帽ados de golpes r铆tmicos de carne contra carne y risas graves. Luc铆a se detuvo frente a la puerta, confundida. Ten铆a plena confianza en Mateo, as铆 que pens贸 que quiz谩s estaban viendo una pel铆cula subida de tono. Sacudi贸 la cabeza intentando ignorar la incomodidad y toc贸 el timbre. Nadie contest贸.
Los gemidos segu铆an. Cada vez m谩s altos.
Empuj贸 la puerta con cuidado. No estaba cerrada con llave.
El olor a sexo la golpe贸 apenas entr贸: sudor, perfume y algo m谩s primitivo y animal. Luc铆a avanz贸 por el pasillo hasta el cuarto principal con el coraz贸n lati茅ndole con fuerza.
Y ah铆 se congel贸.
En el centro de la habitaci贸n, sobre la cama grande, una chica blanca de cabello casta帽o estaba siendo follada salvajemente por dos hombres negros enormes y musculosos. Uno la penetraba por detr谩s con embestidas brutales, sujet谩ndola firmemente de las caderas. El otro le ten铆a la cabeza agarrada y le met铆a una polla gruesa y venosa hasta el fondo de la garganta, haciendo que babeara y gimiera ahogadamente.
Luc铆a sinti贸 que le faltaba el aire. Las piernas le temblaban. La caja de galletas se mov铆a violentamente entre sus manos.
Uno de los hombres levant贸 la vista y sonri贸 con arrogancia.
—Mira nada m谩s… tenemos una invitada sorpresa.
La chica levant贸 lentamente la mirada. Cuando sus ojos se encontraron con los de Luc铆a, el mundo se detuvo.
Esos ojos marrones, grandes y expresivos… eran exactamente los mismos de Mateo.
Luc铆a dio un paso atr谩s, negando con la cabeza, con la voz temblorosa.
—…¿Mateo? —susurr贸 casi sin aliento.
La chica abri贸 mucho los ojos, horrorizada. Intent贸 apartarse, pero el hombre que la sujetaba por detr谩s no se lo permiti贸. Con esfuerzo logr贸 sacar la polla de su boca y habl贸 con una voz quebrada que, sin duda, era la de Mateo:
—Luc铆a… ¡vete! ¡Por favor, sal de aqu铆 ahora mismo! ¡No mires esto! ¡Corre!
Luc铆a sinti贸 que las l谩grimas le quemaban los ojos. La caja de galletas se le resbal贸 de las manos y cay贸 al suelo.
—¿Mateo…? Dios m铆o… ¿qu茅 te hicieron? —su voz se rompi贸 por completo—. ¿Por qu茅 est谩s… as铆?
Mateo cerr贸 los ojos con fuerza, el rostro rojo de humillaci贸n absoluta. Su cuerpo segu铆a movi茅ndose ligeramente al ritmo de las embestidas.
—Era… era la 煤nica forma… —jade贸 entre sollozos y gemidos—. Ped铆 pr茅stamos para comprarte todas esas cosas que te gustaban. Me endeud茅 mucho. Esa banda… esos tipos… me amenazaron. Dijeron que si no les pagaba, te har铆an da帽o a ti. No pod铆a permitirlo, Luc铆a. Te amo demasiado. Pens茅 que si yo les serv铆a con mi cuerpo… te dejar铆an en paz.
Uno de los hombres solt贸 una risa grave.
—Qu茅 noviecito tan sacrificado. Pero ya ves c贸mo termin贸… convertido en nuestra putita blanca favorita.
Luc铆a retrocedi贸 hasta chocar contra la pared, temblando violentamente, con l谩grimas cayendo sin control.
—Mateo… ¿c贸mo pudiste ocultarme esto? Yo confiaba en ti… te quer铆a tanto…
Uno de los hombres se detuvo, sac贸 su polla del cuerpo de Mateo y mir贸 a Luc铆a con impaciencia.
—Escucha, princesa. Tu noviecito nos debe una plata bien grande. Si no quieres problemas, mejor vete a tu casa y d茅janos terminar la cuota de hoy.
Luc铆a sali贸 de la casa destrozada. Se sent铆a devastada, culpable y completamente rota. Sab铆a que Mateo no era una persona irracional. Todo lo que hab铆a hecho, por m谩s horrible que pareciera, hab铆a sido por amor a ella.
Camin贸 hasta su coche, pero no pudo subir. Se qued贸 all铆 parada varios minutos, pensando. Luego, con el coraz贸n lati茅ndole con fuerza y los ojos todav铆a h煤medos, dio media vuelta y regres贸 a la casa con determinaci贸n.
Cuando entr贸 de nuevo, los dos hombres la miraron con molestia evidente por la interrupci贸n. Mateo, con l谩grimas en los ojos, la mir贸 desconsolado.
Luc铆a se arm贸 de valor y pregunt贸 con voz temblorosa:
—¿Cu谩nto les debe?
La cifra que le dieron era alta. Muy alta. Ella no ten铆a ni cerca ese dinero.
Tom贸 una respiraci贸n profunda y, con la voz firme a pesar del miedo que le recorr铆a todo el cuerpo, dijo:
—Entonces… yo tambi茅n pagar茅.
Mateo abri贸 los ojos con aut茅ntico horror, intentando incorporarse a pesar de que uno de los hombres a煤n lo sujetaba.
—Luc铆a, ¡no! —exclam贸 con la voz rota—. ¡No digas eso! ¡T煤 no tienes que hacer esto! Por favor… vete de aqu铆. Esto es mi culpa, yo me met铆 en este l铆o. No voy a permitir que te humillen tambi茅n a ti.
Luc铆a sinti贸 que se le apretaba el pecho al verlo tan desesperado, pero ya hab铆a tomado su decisi贸n. Se acerc贸 un paso m谩s, mir谩ndolo directamente a los ojos a pesar de las l谩grimas que segu铆an cayendo por sus mejillas.
—Mateo… m铆rame —dijo con suavidad pero con determinaci贸n—. Todo esto lo hiciste por m铆. Por quererme tanto, por darme cosas que cre铆as que me merec铆a. Si t煤 est谩s dispuesto a sacrificarte por protegerme… ¿c贸mo crees que yo voy a dejarte solo en esto? No es un capricho. No es ego铆smo. Es que te amo. Y si tenemos que pasar por esto… lo vamos a pasar juntos. No voy a abandonarte ahora.
Mateo neg贸 con la cabeza, con l谩grimas cayendo por su rostro femenino. Su voz sali贸 entrecortada y llena de culpa:
—Luc铆a… esto no es como las otras veces. Ellos… ellos no son suaves. No va a ser solo una vez. Va a ser… horrible. No quiero que tengas que pasar por lo mismo que yo.
Luc铆a se acerc贸 a煤n m谩s, ignorando las miradas de los dos hombres, y habl贸 con la voz temblorosa pero llena de convicci贸n:
—Prefiero pasar por lo horrible contigo que vivir tranquila sabiendo que t煤 est谩s sufriendo solo. Si vamos a caer… caigamos juntos. ¿Recuerdas lo que siempre nos dec铆amos? En las buenas y en las malas. Esto es la peor de las malas… pero sigo eligi茅ndote a ti.
Mateo la mir贸 en silencio durante unos segundos eternos, con el labio temblando. Finalmente, derrotado y con el coraz贸n hecho pedazos, baj贸 la cabeza y susurr贸:
—…Lo siento tanto, mi amor.
Luc铆a se limpi贸 las l谩grimas con el dorso de la mano y mir贸 a los dos hombres con una mezcla de miedo y determinaci贸n.
—Entonces… las dos vamos a pagar la deuda.
As铆 fue como la pareja termin贸 uni茅ndose para saldar lo que deb铆an con sus cuerpos. Pensaron que esta situaci贸n terminar铆a por destruir su relaci贸n, pero ocurri贸 todo lo contrario: ahora estaban m谩s unidos que nunca. Durante el d铆a segu铆an siendo la pareja perfecta que todos envidiaban en la universidad. Por las noches se convert铆an en las dos putitas blancas de la pandilla, entreg谩ndose de formas cada vez m谩s sucias y bizarras.
Faltaba mucho tiempo para terminar de pagar la deuda completa.
Pero al menos, estar铆an juntos en esto.
Comments
Post a Comment