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—Despu茅s de tanto tiempo te cre铆ste que iba a dejar pasar lo que hiciste as铆 por as铆, Tadeus Morten? El vaquero m谩s peligroso del condado… No eres m谩s que una puta que se cree una leyenda. Todos ustedes, bandidos, se creen intocables, pero si les quitas las armas solo demuestran ser unos mariquitas que ruegan ser folladas como perras. El oro y la fortuna no valen nada comparado con la vida de mi esposa. Ahora tienes su misma cara, su mismo cuerpo… y voy a ense帽arte modales. ¿Qu茅 pasa? ¿Por qu茅 no dices nada?
—Lo siento… nunca quise matarla, fue un accidente. Por favor, no hagas esto… te dar茅 todo el dinero que quieras, mujeres, lo que sea —suplic贸 la voz ahora femenina y temblorosa.
—Dinero ya tengo. Y mujeres… aqu铆 tengo una —respondi贸 茅l con voz grave, recost谩ndose en la cama—. Ahora vas a aprender tu nuevo lugar. Monta, vaquera.
Aquella mujer, con el cuerpo curvil铆neo y cabello suelto, desnuda de cuerpo con solo su sombrero y sus botas que alguna vez fijaron su identidad como vaquero, se subi贸 sobre 茅l con las piernas temblando. Sus tetas rebotaban sin control mientras bajaba sobre la gruesa verga de su captor, gimiendo al sentir c贸mo la llenaban por completo.
—Ahh… ¿qu茅 me hiciste? Esto no… no puede ser… ¿Por qu茅 no puedo desobedecerte? —jade贸 ella, apoyando las manos en el pecho de 茅l.
Aquella mujer gem铆a sin control, sus tetas grandes subiendo y bajando con cada rebote mientras cabalgaba con fuerza. Su cuerpo traicionaba todos sus instintos anteriores, destruyendo poco a poco el orgullo del antiguo vaquero.
—Lo cierto es que yo solo cambi茅 tu cuerpo. Que me est茅s obedeciendo es completamente por tu cuenta.
—¿Q-Qu茅? Eso es mentira, t煤 me hiciste algo.
—As铆 como lo oyes, putita. Que est茅s rebotando y gimiendo como una perra en celo es cosa tuya. Al parecer, sin armas ni m煤sculos, el hombre m谩s rudo result贸 ser una mujer bastante d贸cil.
—¡C脕LLATE CABR脫N! Mis hombres te van a encontrar y te har谩n pagar por esto.
El hombre la baj贸 con facilidad de su verga, agarr贸 su cabeza y le abri贸 la boca a la fuerza para introducir su polla, foll谩ndole la garganta sin piedad.
—Qu茅 bonita te ves cuando callas. Tienes raz贸n… hay que mostrarles a tus hombres qui茅n es el nuevo jefe. Sonr铆e para la c谩mara.
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