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Alex llevaba meses sinti茅ndose atrapado en su propia vida. A sus 29 a帽os, era un dise帽ador gr谩fico talentoso pero solitario, encerrado en su departamento oscuro, trabajando hasta altas horas de la noche. Sus relaciones eran inexistentes y su vida sexual se limitaba a pornograf铆a r谩pida y vac铆a. Se sent铆a invisible. Aburrido. Cansado de ser siempre el mismo.
Esa noche, buscando algo diferente, entr贸 en la deep web y encontr贸 “Eternal Desire”. Una aplicaci贸n que promet铆a una experiencia inmersiva total con IA. “Convi茅rtete en quien quieras ser”, dec铆a. Cre贸 su avatar con cuidado obsesivo: una mujer asi谩tica llamada Mei, de rasgos delicados pero intensamente sensuales, cabello negro largo y sedoso, piel p谩lida y un cuerpo curvil铆neo que parec铆a dise帽ado para el pecado.
Cuando activ贸 el “modo inmersi贸n total”, pens贸 que ser铆a como cualquier otro juego VR.
Se equivoc贸.
El mundo se disolvi贸 en un instante.
Al abrir los ojos, Alex ya no era Alex.
Estaba a horcajadas sobre un hombre atractivo y desnudo, en una habitaci贸n lujosa con luces tenues. Su nuevo cuerpo era real. Demasiado real. Sent铆a el peso de sus pechos, la sensibilidad extrema de su piel, y la verga gruesa y caliente que ya estaba parcialmente dentro de 茅l.
—Dios… —susurr贸 con una voz suave y femenina que lo estremeci贸.
Antes de que pudiera procesar lo que ocurr铆a, el hombre virtual tom贸 sus caderas y Mei, por instinto, empez贸 a moverse. Sus manos temblorosas agarraron el borde de su su茅ter y, lentamente, se lo quit贸 por la cabeza. El aire fresco roz贸 sus pechos desnudos, haciendo que sus pezones se endurecieran al instante.
Un gemido involuntario escap贸 de sus labios mientras comenzaba a saltar sobre esa polla, bajando con m谩s fuerza cada vez. Cada descenso la llenaba por completo, enviando ondas de placer que le recorr铆an la columna. Sus tetas rebotaban pesadamente, sus muslos temblaban y su mente era un torbellino.
‘Esto… esto no puede ser solo un programa…’ pens贸, aterrado y excitado al mismo tiempo. Pero su cuerpo de Mei no le daba tregua. Cuanto m谩s luchaba por mantener el control, m谩s intenso se volv铆a el placer.
El hombre la gir贸 con facilidad y la puso a cuatro patas sobre la cama.
Mei apenas tuvo tiempo de apoyarse antes de que 茅l la penetrara profundamente desde atr谩s. La posici贸n era salvaje. Cada embestida fuerte hac铆a que su culo chocara contra 茅l con un sonido h煤medo y obsceno. Sus tetas colgaban y se balanceaban con violencia, rozando las s谩banas.
—Ahh… ¡joder! —grit贸, arqueando la espalda, completamente perdida.
Ya no pensaba en Alex. Solo exist铆a Mei. El placer era abrumador, adictivo, casi doloroso. Cada golpe contra ese punto profundo dentro de ella la hac铆a gemir m谩s alto, m谩s desesperada. El hombre notando los gemidos tan er贸ticos aument贸 el ritmo y la fuerza de sus empujones, foll谩ndola con m谩s intensidad.
En ese momento, Mei entendi贸 algo oscuro y liberador: por primera vez en su vida, se sent铆a deseada, viva, completa. Ya no quer铆a volver.
Una notificaci贸n apareci贸 flotando en el aire frente a sus ojos vidriosos:
[Modo Inmersi贸n Total: Activado Permanentemente]
Mei sonri贸 entre gemidos, empujando hacia atr谩s con m谩s fuerza, entreg谩ndose por completo.
—Qu茅date… —susurr贸 con voz rota de placer—. No quiero despertar nunca.
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