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Guerra de Pandillas – Rendición

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capítulo anterior: Parte 2

Me quedé en silencio, todavía tirada en el suelo con el cuerpo lleno de semen y sudor. Impactada por la revelación. Mi hermana, ahora dentro de mi antiguo cuerpo, me observaba con calma. Notando mi confusión, se recostó a mi lado y comenzó a hablar con tranquilidad, como si estuviera contando una historia que llevaba años guardando.

—Supongo que mereces saber toda la verdad antes de que aceptes tu nuevo lugar —dijo con mi voz profunda.

Todo comenzó hace más de un año, mucho antes de que yo entrara de lleno en el mundo de las pandillas.

Sophie se había infiltrado en la pandilla rival. Al principio solo buscaba protección, alejarse de la violencia en la que yo estaba metido. Empezó desde abajo, pero con su inteligencia estratégica escaló rápidamente. Para cuando a mí me reclutaron, ella ya ocupaba una posición de poder. Y cuando yo me convertí en líder, ella llevaba siéndolo mucho más tiempo. Los antiguos jefes la temían, pero en lugar de traicionarlos, actuó como informante perfecta. Nadie sospechaba de la “hermanita protegida”. Era una veterana en esto a pesar de su edad.

Sin embargo, con el poder llegó la decepción.

—Para ellos solo era un culo bonito y unas tetas grandes —dijo con amargura—. Me follaban, me usaban como trofeo, pero nunca me escuchaban cuando daba órdenes. Me sentía cosificada. Invisible como líder. Quería que me temieran. Quería el respeto que tú tenías solo con entrar a una habitación.

Fue entonces cuando apareció él.

Un sujeto extraño, vestido con ropa oscura y rostro demacrado, se le acercó una noche en un bar apartado.

—Sé lo que deseas —le dijo—. Quieres poder. Quieres fuerza. Quieres que te teman.

Sophie lo miró con desconfianza.

—¿Y tú quién carajos eres?

—Alguien que vende segundas oportunidades. Tengo un artefacto. Un relicto antiguo. Permite intercambiar cuerpos de forma permanente. Solo necesitas tocar a la persona objetivo mientras lo activas.

—¿Y cuál es el precio? —preguntó ella.

El hombre sonrió de forma inquietante.

—El precio es que nunca podrás volver atrás… y que vivirás con las consecuencias de robarle la vida a alguien.

Sophie aceptó sin dudarlo.

Durante meses planeó todo con cuidado. Buscó un recipiente perfecto: fuerte, imponente y que pudiera pasar desapercibido. Así conoció a Kevin y fingió una relación con él. Solo necesitaba aprender sus gestos y forma de hablar para poder suplantarlo cuando llegara el momento.

Hasta que una tarde escuchó la conversación de Ricky. El mismo Ricky al que yo había ordenado protegerla desde las sombras. Planeaban matarme en una emboscada y tomar el control de mi pandilla por la fuerza.

—Ahí intervine —continuó ella—. Le ofrecí a Ricky un trato mejor. Él se quedaba con tu pandilla y yo me encargaba de ti. No podía dejar que te mataran. A cambio, él me ayudaría a consolidar el poder sobre ambas bandas. Funcionó perfecto.

Hizo una pausa y me miró a los ojos.

—Cuando tomé tu cuerpo… descubrí algo que ni tú sabías. No eres mi hermano de sangre. Fuiste adoptado. Mamá nunca te lo dijo. Cuando lo supe, algo cambió dentro de mí. Kevin era lindo, pero nunca fue mi tipo. Me gustan más las mujeres… aunque tu cuerpo, este cuerpo, me volvió loca. Verte a ti, el hombre serio y protector, ahora convertido en una mujer débil y vulnerable… me excitaba de una forma que no puedo explicar.

Me acarició la mejilla con mi antigua mano.

—Y no lo niegues… lo disfrutaste. Cada vez que te hacía mía, contenías los gemidos, pero tu cuerpo me pedía más. Incluso ahora miras tu antiguo cuerpo con deseo. No con ganas de poseerlo… sino de ser poseído por él.

Sentí náuseas y excitación al mismo tiempo. Todo lo que había sacrificado por ella… y ahora esto.

—¿Y Kevin? —pregunté con voz rota.

Ella rio suavemente y sacó su teléfono. Me mostró un video donde Kevin, en el cuerpo de la chica asiática, era follado brutalmente por detrás.

—Kevin siempre fue solo una mascota. Un perrito bonito. Ahora es mi perra personal. Lo tengo trabajando en uno de los clubes, sirviendo a quien yo diga. Le gusta más de lo que quiere admitir.

El silencio cayó entre nosotros.

Temblaba. Lágrimas de rabia, humillación y derrota corrían por mis mejillas. Ya no quedaba nada del Mike que fui. Mi pandilla estaba perdida. Mi cuerpo ya no me pertenecía. Y este coño traicionero palpitaba solo con tenerla cerca.

—No estoy contento… —susurré finalmente—. Te odio por lo que me hiciste. Pero… ya no tengo nada por lo que luchar. No tengo pandilla. No tengo fuerza. No tengo futuro.

Derrotado, apoyé la cabeza contra su pecho.

—Soy tuya… —admití con voz temblorosa—. He perdido por completo. Haz conmigo lo que quieras.

Mi hermana sonrió con satisfacción. Me levantó la barbilla y me besó profundamente, con posesión y deseo.

—No serás solo mi esclava, Sophie. Te ascenderé a mi amante oficial. Esa es mi forma de agradecer todo el tiempo que intentaste protegerme. Serás la mujer que está a mi lado. La que todos envidiarán. Te vestiré como una reina, te follaré como a mi puta favorita y te trataré como mi posesión más preciada.

Esa misma noche sellamos nuestro nuevo acuerdo.

Me folló lento y profundo, mirándome a los ojos todo el tiempo. Por primera vez no fue solo humillación… fue posesión total, casi tierna. Gemí su nombre mientras me corría una y otra vez, aceptando mi nueva realidad.

—Dilo otra vez —ordenó entre embestidas.

—Soy Sophie… soy tuya, mi amor —susurré, completamente rendida.

Ella sonrió victoriosa y se corrió dentro de mí, llenándome una vez más.

La guerra de pandillas había terminado.

Yo había perdido todo.

Y extrañamente… por primera vez en mucho tiempo, ya no tenía que cargar con el peso de proteger a nadie. Ahora solo tenía que servirlo. Supongo que aquellos quienes hemos perdido nuestro lugar solo obtenemos valor sirviendo a quienes están en el poder.

Esta no es exactamente una historia de venganza, desgracia o felicidad. Es la historia de cómo llegué hasta donde estoy.

Los rumores del complot entre estas 2 pandillas se regaron y con el tiempo el estatus quo se rompería, otras organizaciones entraron en pánico al saber de un nuevo líder tenía un arma diferente el cual pondría al bajo mundo patas arriba.

Fin

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