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Todo el mundo le hab铆a advertido a Lucas que no lo hiciera.
—No pintes debajo del Puente Negro —le dec铆an los viejos del barrio—. Ah铆 hay una maldici贸n antigua. Dicen que quien deja su marca en esas paredes… ya no sale siendo el mismo.
Lucas se rio en su cara. Era el grafitero m谩s bueno del distrito y no cre铆a en idioteces de fantasmas. Esa noche, con la mochila llena de sprays, se col贸 bajo el puente abandonado. El lugar era perfecto: un muro enorme, limpio, visible desde la autopista. Iba a hacer su obra maestra.
Empez贸 a rayar con confianza. Letras grandes, colores vivos, su firma bien grande al final. Estaba tan concentrado que ni siquiera escuch贸 el viento extra帽o que empez贸 a soplar.
De repente, un calor intenso le recorri贸 todo el cuerpo. Le temblaron las manos. El spray se le cay贸 al suelo.
—¿Qu茅 carajos…?
Sinti贸 que sus huesos cruj铆an, que su piel se estiraba y se contra铆a al mismo tiempo. Su pecho se hinch贸, su cintura se estrech贸, sus caderas se ensancharon con un dolor agudo y placentero. El pelo le creci贸 hasta los hombros en cuesti贸n de segundos. Entre sus piernas, sinti贸 c贸mo todo cambiaba de forma de manera brutal y definitiva.
Cuando el dolor y el calor desaparecieron, Lucas ya no exist铆a.
En su lugar hab铆a una chica joven, de cuerpo curvil铆neo, piel suave y cara bonita. Su ropa tambi茅n se hab铆a transformado: ahora llevaba un overol femenino ajustado que marcaba sus nuevas curvas y una gorra colocada sobre su cabello largo.
Se mir贸 las manos peque帽as, se toc贸 el pecho y solt贸 un grito agudo, femenino.
—No… no puede ser…
Apenas hab铆a empezado a procesar lo que le hab铆a pasado cuando escuch贸 el sonido de unas botas sobre la grava.
—Polic铆a. No te muevas.
Un agente alto y fornido apareci贸 bajo la luz de su linterna. La mir贸 de arriba abajo: una chica despeinada, con overol y gorra, parada frente a un muro reci茅n pintado.
—¿Qu茅 haces aqu铆 a estas horas? —pregunt贸 con voz grave.
Ella intent贸 hablar, pero su voz sali贸 suave y temblorosa:
—Yo… yo no… esto no es lo que parece…
El polic铆a vio las latas de spray tiradas en el suelo y neg贸 con la cabeza.
—Grafitera, ¿eh? Est谩s detenida por vandalismo. Date la vuelta y pon las manos contra la pared.
La nueva chica obedeci贸, todav铆a en shock. El agente se acerc贸 por detr谩s, le separ贸 las piernas con el pie y empez贸 a cachearla. Sus manos grandes recorrieron sus nuevas curvas con mucha m谩s atenci贸n de la necesaria.
—Vaya… —murmur贸, casi sorprendido—. Eres bastante guapa para ser una delincuente.
Sus manos bajaron por sus caderas. De un tir贸n le baj贸 los tirantes del overol y le quit贸 toda la ropa, dej谩ndola completamente desnuda contra el muro. Ella solt贸 un gemido involuntario cuando sinti贸 el aire fr铆o en su piel.
—Oye… ¿qu茅 haces? —protest贸 d茅bilmente.
El polic铆a se peg贸 m谩s a ella, presionando su cuerpo contra el suyo. Su voz son贸 ronca contra su o铆do:
—Escucha, bonita. Puedo arrestarte ahora mismo y llevarte a la comisar铆a. O… podemos llegar a un acuerdo. Nadie tiene por qu茅 enterarse de esto.
Ella sinti贸 el aire fr铆o en su nuevo sexo expuesto.
—Solo tienes que portarte bien… y te dejo ir.
La chica (quien sol铆a ser Lucas) quiso gritar, quiso correr, pero su cuerpo traicionero reaccion贸 cuando el polic铆a se baj贸 la cremallera y la penetr贸 de un solo empuj贸n desde atr谩s, justo contra la pared que acababa de pintar.
—Joder… qu茅 apretada est谩s —gru帽贸 茅l mientras empezaba a embestirla con fuerza.
Ella apoy贸 la frente contra el muro, gimiendo con cada embestida. El sonido de sus gemidos rebotaba bajo el puente junto con el ruido h煤medo de sus cuerpos.
—Buena chica… —susurr贸 el polic铆a, agarr谩ndola fuerte de las caderas—. Si sigues gimiendo as铆, hasta te borro el mural yo mismo.
La foll贸 sin piedad contra la pared, hasta que las piernas le temblaron y un orgasmo vergonzoso la recorri贸 por completo.
La chica permaneci贸 en el suelo unos momentos, pero aquel polic铆a lejos de mostrar satisfacci贸n segu铆a con la verga dura como roca. Con firmeza sujet贸 la cabeza de la chica contra su verga. La mente masculina de Lucas quiso oponerse pero su cuerpo d贸cil por la maldici贸n se dej贸 completamente vulnerable al placer y el instinto la incit贸 a chupar el pene de aquel hombre por su cuenta.
El sabor no le resulto en absoluto desagradable, era como si su nuevo cuerpo le diera la capacidad de saborear el semen y de disfrutar de los estimulos, la mente de lucas se lleno de dudas, nunca habia sido gay ni nada, en realidad era hetero. Pero el sabor le resultaba extra帽amente natural, como si al cambiar su cuerpo su preferencia fuera adaptada tambien.
Cuando termin贸, se subi贸 los pantalones, le dio una palmada en el culo y sonri贸 satisfecho.
—Anda, l谩rgate. Y la pr贸xima vez… haz caso de las advertencias del barrio.
La chica se qued贸 all铆, jadeando, con las piernas temblando y el semen corriendo por sus muslos y por su garganta, mirando su propio mural a medio terminar.
Ahora entend铆a perfectamente por qu茅 nadie deb铆a rayar en las paredes del Puente Negro.
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